Happy River Bilbao

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Que Bilbao se está poniendo estupendo, es un hecho. Que muchos comercios han venido para quedarse, también. Que esto se nos ha llenado de turistas, aunque nos sigue alucinando, ciertísimo.
Pero no es oro todo lo que reluce amiguis, y este es el caso del Happy River, mira que nosotras no somos de ver el lado negativo de nada, por mucho que seamos el lado oscuro, mira que nosotras con un par de birras somos las tías más felices del mundo, perooooo...

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Desde hace unos días no hacían más que saltarme imágenes en instagram (por cierto instagram del lado oscuro pinchando aquí) de gente en el Happy River, y yo pensando ¿pero dónde está este sitio tan cool, tan trendy, tan chachi, que yo no lo conozco? así que después de localizarlo en pleno muelle de la Merced, para allá que nos fuimos.

Y así es como llegué a la nueva cuna del postureo de Bilbao.

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 Postureo del malo, del falso, del "me he vestido para venir aquí a hacerme una foto", del de los camareros pagados de sí mismos, del todo artifical aunque precioso.
Como podéis ver en las fotos la decoración es estupenda, todo cuidadosamente estudiado para gustar a los millenials: terraza con hamaca colgandera ideal para fotitos, diversos estampados por muebles y paredes, monitos muy monis, rincón para comida japonesa, rincón de coctelería...
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Pero sin alma, sin sensación de pertenencia, no sé como explicarlo, a mí me gusta entrar en un bar y sentirme como en casa, con la sensación de ser parte del mismo, como magníficamente exponían en la serie Cheers, y aquí aunque te vendan camisetas modernitas con el nombre del bar para que vayas por ahí haciendóles publi, no cuela.
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Entramos y en la barra nos explicaron la carta de cervezas estupendamente, de la marca San Miguel, nada artesano ni demasiado especial, y allí nos quedamos, desubicados, mirando a nuestro alrededor y flipándolo mucho, casi nadie hablaba pero todo el mundo hacía fotos (como yo como podéis ver), a la bebida, a la decoración, a la comida... el mini drama vino cuando quisimos ir a pagar, enseguida una camarera nos cortó el paso "¿queréis pagar?" y nosotros "claro", y se formó la gozadera amiguis, de fuera vino con parsimonia tremenda el que deduzco que sería el encargado, porque iba vestido de negro y llevaba una riñonerita con el dinero (una que es muy fijosa), a sacarnos el ticket de registradora móvil, nos lo dió se lo devolvimos con el dinero (todo esto sin siquiera mirarnos y eso que el local estaba prácticamente vacío) y finalmente el chaval de la barra nos devolvió los cambios (¿?¿).
Como anecdota os contaré que mientras estuvimos allí unas chicas tuvieron el atrevimiento de sentarse en la hamaca colgandera e inmediatamente una camarera se les acercó para preguntarles si les importaba moverse y poner en su lugar gente cool de verdad, de esas que van con dos moñetes, gafas sin graduar y mini tattoos de cactus y flechitas.
Conclusión, prefiero cualquier otro bar del casco viejo de Bilbao, donde haya unos buenos pinchos, unas birras y risas de gente, pero de las de verdad, de las que salen del corazón, borracho, pero corazón